El titanio es el noveno elemento más abundante en el planeta y, en condiciones naturales, reacciona con el oxígeno, generando dióxidos de este metal que suelen estar presentes en suelos, polvos, arenas y sedimentos en el ambiente.

El dióxido de titanio (TiO₂) es una sustancia que, una vez separada de otros minerales, se encuentra en forma de polvo blanco y fino, y es extraído de vetas de rutilo que se encuentran sobre todo en zonas costeras alrededor del mundo.

Gracias a sus propiedades físicas y químicas, que lo hacen un compuesto muy estable, resistente a la acción de ácidos y sustancias alcalinas, fotocatalizador y reflectante de radiaciones electromagnéticas, es aprovechado en la fabricación de diversos productos como pigmento y protector contra rayos ultravioleta (UVA), siendo la industria cosmética una en las que más se utiliza.

¿Cuáles cosméticos contienen dióxido de titanio?

Entre los productos de este tipo que suelen incluir dióxido de titanio dentro de sus componentes se encuentran los siguientes:

  • Protectores solares: la capacidad del dióxido de titanio para proteger la piel de los rayos UVA lo hace uno de los ingredientes más habituales en todas las cremas con filtro solar, además de que al tratarse de un compuesto mineral inerte rara vez produce alergias o irritaciones cutáneas.
  • Tintes para el cabello: se emplea sobre todo en aquellos cuya presentación es en spray para aumentar la luminosidad del color, su brillo y duración.
  • Maquillaje: polvos faciales, sombras para los ojos, lápices labiales, correctores y demás productos por el estilo contienen TiO₂ para procurar una mejor coloración.
  • Jabones: al igual que en los productos anteriores, su uso en jabones de barra, líquidos o en crema responde a la necesidad de aportarles un tono agradable y duradero.

Posibles riesgos a la salud

Aunque recientes estudios han sugerido que la presencia de dióxido de titanio en los cosméticos puede ser perjudicial para la salud humana debido a supuestos efectos cancerígenos, alergias respiratorias, asma, bronquitis e incluso alteraciones cardiovasculares, estos factores de riesgo se presentan sólo si la exposición a este material es muy grande, como puede ser el caso de las personas que trabajan en fábricas de este químico que no cuentan con las medidas de seguridad necesarias.

Para los usuarios de productos cosméticos el peligro es prácticamente nulo, ya que las afecciones podrían suscitarse sólo si el dióxido de titanio se encuentra en nanopartículas inferiores a 30 nanómetros, las cuales son susceptibles de ser aspiradas o absorbidas por la piel, acumulándose en el organismo.

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